lunes, 19 de diciembre de 2011

EDUCACIÓN, INSTRUMENTO VITAL DE LA HUMANIZACIÓN

     El conocimiento es unitario y ningún ser humano puede prescindir de él para vivir en sociedad.  
La educación en la concepción de Edgar Morin permite al ser humano ser autónomo mediante la conciencia individual, la cual también se concreta y afirma en cuanto conciencia común, pues en el colectivo es que cada persona expresa su "ego", es decir el yo mismo.  Este autor plantea el saber en 7 principios para educar al ser humano del futuro.

Llama mucho la atención llegar a profundizar en el planteamiento de este pensador, de estilo existencialista, naturalista y filósofo, que en sus más serias y profundas aseveraciones muestra la dialéctica de la vida del hombre como el máximo representante de las especies del planeta.  En su análisis sobre la unidad del conocimiento hace una crítica al hecho de que alrededor del mundo, los sistemas educativo actuales no contemplan axiomas prácticos que son elementales en la vida.

En concreto, Edgar Morin plantea:
Primer saber: el error y la ilusión, lo cual requiere que se enseñe a navegar en océanos de incertidumbre mediante archipiélagos de certeza.  Es elemental, en ese sentido, entender que el error proviene de nuestras percepciones, así como la ilusión y que únicamente abandonando al aferrarse a una sola idea y abriéndose al mundo con toda la capacidad perceptiva es que se logra conocer en mayor dimensión.
Segundo saber: conocimiento pertinente, acceder al conocimiento fragmentado es un error en cuanto no se considere que el conocimiento es unitario y que responde a la naturaleza multi dimensional del ser humano, pues es biológico, psíquico, filosófico, y por tanto debe de conocerse el todo pero también las partes para responder a la existencia y sus retos desde una perspectiva global y en un contexto determinado que no es sólo relativo a una circunstancias y condición específica, sino que el planeta mismo es un contexto.
Tercer saber: enseñar sobre la condición humana, al respecto Morin establece la hominización del ser humano como un proceso que pasa como parte de las especies y cuyo destino es común; esto además está íntimamente ligado a la identidad de cada uno y a la vez de las especies en convivencia.
Cuarto saber: la identidad terrenal no sólo como un saber sino como un estadio ulterior para el ser humano, el autor propone reconocer que el destino común de todos los seres que habitan el planeta requiere de una conciencia colectiva de que existe interdependencia con el planeta y que por ello hemos de considerarlo primera y última patria.
Quinto saber: enfrentar la incertidumbre, más allá de aprender y enseñar sobre resolver problemas, Morin vislumbra la imperiosa necesidad de que el ser humano enfatice en una actitud racional para enfrentar y responder acertadamente ante la incertidumbre.
Sexto saber: enseñar la comprensión, mientras que no se enseña a las personas a comprenderse y tolerarse para vivir en paz, comunicar se reduce a reproducir palabras; sólo educando para la vida en armonía se llegará a la verdadera mundialización, dice Morin.
Séptimo saber: la ética del género humano, la identidad tierra-patria requiere de principios de igualdad y democracia, lo cual llevará a la humanidad entera a la ciudadanía terrenal.

Edgar Morin no sólo es una idealista contemporáneo, es un docto de las ciencias humanas y filosóficas y en su pretensión de delinear la Educación para el Futuro, aporta la esencia de su ser como reflejo y proyección de varias generaciones que tras haber transitado por el error y la ilusión buscan la humanización y el destino común en armonía; Morin es un mesías del racionalismo y un educador por excelencia.